Cuando ocurren emergencias o crisis de todo tipo, como en este caso sanitaria y de epidemia, pasada la primer contingencia –lo urgente- es tiempo de comenzar a reflexionar sobre lo importante: dónde pueden estar las causas que las originan o que aumentan las posibilidades de su ocurrencia, y si está en nuestras manos el poder modificarlas.
En el caso de la epidemia de influenza, así como el desarrollo de otras enfermedades infecciosas que tuvieron su tiempo de incubación, mutación y crecimiento en ciertas especies animales, nos hace volver a pensar en las condiciones en las que estos animales están siendo criados y engordados para posterior alimentación humana.
Las granjas industriales porcinas (así como las aviares), en las que miles de animales son criados y engordados en espacios muy pequeños donde apenas pueden moverse, donde las condiciones sanitarias son muchas veces deficientes.
Lógicamente, un animal que está encerrado y apenas puede moverse, donde los vapores de amoníaco de sus heces pueden afectar sus vías respiratorias, donde no puede ejercitarse, caminar y pastorear al sol, la probabilidad de que sus defensas estén bajas es mucho mayor, y por tanto la posibilidad de infección e incubación de enfermedades también.
Esto sumado a que hay miles de animales juntos en las mismas condiciones, parece colaborar con esta incubación y propagación de enfermedades.
Estudios indican que no sólo en este brote de influenza, sino en otras infecciones y epidemias, hay una gran relación entre estas granjas industriales y la incubación y florecimiento de nuevas enfermedades infecciosas.
Podemos reflexionar con esto y buscar las conexiones con el impacto ambiental que estas granjas (podemos aquí sumar a los feed-lot o engorde intensivo vacuno) tienen en cuanto a contaminación de agua, suelo y aire, el costo total de agua, petróleo, electricidad, granos, etc. necesarios para la producción de carne en este tipo de engorde, las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y también el riesgo sanitario que representan, para comenzar a tomar decisiones en cuanto a consumidores responsables.
No creo que todo deba ser blanco o negro, ya que justamente para la sustentabilidad es profundamente necesario aceptar a los demás, aprender a coexistir y no solamente ser tolerante, sino ir aun más allá…aceptar al que piense distinto, por eso podemos cada uno dentro de nuestras creencias, preferencias, costumbres, tradiciones, etc. colaborar como consumidores responsables para que la sustentabilidad sea más que una palabra o una mera expresión de deseo.
Por eso en este caso podemos elegir entre diferentes opciones, como optar por una dieta vegetariana o basada en plantas, o consumir productos animales provenientes de granjas orgánicas o también llamadas biológicas, donde la cantidad de animales es menor, están libres en gran parte del día para pastorear, no están apretados ni hacinados y su sistema inmune está fuerte y la probabilidad de propagación de enfermedades es muchísimo más baja, así como el impacto ambiental que se produce. Estos establecimientos es donde el criador entiende que si rompemos el equilibrio de cualquier ecosistema, debemos intentar hacerlo lo menos posible, adaptándonos en lo posible nosotros a las leyes naturales y no forzándolas a nuestro antojo. En la primera opción, la consecuencia será leve y la adaptación más fácil, en la segunda opción lo más probable es que a la larga tengamos que lidiar con consecuencias más graves y difíciles de remediar. Son leyes naturales y las tenemos que respetar. No hay de otra.
Consumo de carne y yoga.
Por: Kim Dewey
El yogui comienza un camino basado en principios univesales, uno de ellos el "ahimsa" que literalmente quiere decir "no violencia", aunque su significado es mucho mas amplio: se refiere al respeto y cuidado de la vida en todas sus formas, asi como hacia nosotros mismos. Esta acción se ve reflejada directamente en nuestro estilo de vida y una parte importante en nuestra alimentación.
Es por esto que el practicante de yoga, como buscador de equilibrio y purificación física y mental, busca llevar una dieta vegetariana, no solamente por el impacto energético negativo que la carne causa en la mente y el cuerpo, si no tambien por el sufrimiento de millones de animales y el daño ambiental que la producción de carne representa.
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